Áreas del cerebro encargadas de los aspectos matemáticos y los procedimientos mentales en la solución de problemas matemáticos
 
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Áreas del cerebro encargadas de los aspectos matemáticos y los procedimientos mentales en la solución de problemas matemáticos
Bibliografía:
Áreas del cerebro encargadas de los aspectos matemáticos y los procedimientos mentales en la solución de problemas matemáticos

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De acuerdo con Rosselli (1992) el desarrollo del sistema nervioso humano se inicia alrededor de 18 días después de la fecundación. Dicho desarrollo consiste en la proliferación neuronal, migración celular, desarrollo axonal, dendrítico y sináptico y el desarrollo termina durante la adolescencia con la culminación del proceso de mielinización axonal.
Rosselli (1992) cita a Hebb (1949) quien dice que alrededor de los dos años de edad el cerebro del niño presenta un desarrollo importante en las vías de asociación cortical que coincide con el desarrollo sensoriomotor y establecimiento de bases para la adquisición de habilidades cognoscitivas. Después de los tres años de edad el niño adquiere una mayor capacidad de análisis perceptual lo cual hace evidente el desarrollo de conexiones sinápticas (Rosselli, 1992).
Rosselli (1992) cita a Epstein (1986) quien dice que el desarrollo cortical no es uniforme sino que se presenta por ráfagas y se ha observado que se dan entre los tres y los cuatro años, los seis y los ocho años, los 10 y los 12 años y los 14 y los 16 años. De acuerdo con Rosselli (1992) el desarrollo cognoscitivo no sigue una línea uniforme sino que hay momentos de revelación en ocasiones sorprendentes.
Ardila y Ostrosky – Solís (1991) citan a Luria (s. f.) quien establece el concepto de sistema funcional, es decir que las funciones psíquicas pueden existir gracias a la interacción de estructuras cerebrales bien diferenciadas, cada una de las cuales hace un aporte específico al todo dinámico y participa en el sistema haciendo lo propio. Según Ardila y Ostrosky – Solís (1991) Luria (s. f.) dice que el sistema es autorregulador y el cerebro juzga los resultados de las acciones en relación con el plan y termina la acción cuando el programa se ha completado satisfactoriamente. De acuerdo con Ardila y Ostrosky – Solís (1991) Luria (s. f.) distingue tres unidades funcionales básicas: la unidad para regular el tono o estado de alerta, la unidad para obtener, procesar y almacenar información y la unidad de programación, regulación y verificación de la actividad mental. La primera unidad que menciona Luria (s. f.) está formada por el sistema reticular activador y su función es la de activar diversas partes de la corteza cerebral ante las diversas señales y optimizar la atención y eficiencia cognoscitiva (Ardila y Ostrosky – Solís, 1991). La unidad para obtener, procesar y almacenar información que menciona Luria (s. f.) se ubica en las cortezas occipital, temporal y parietal. La corteza occipital recibe experiencias visuales, la temporal recibe experiencias auditivas y la parietal recibe experiencias cutáneas y quinestésicas (Ardila y Ostrosky – Solís, 1991). La tercera unidad funcional según Luria (s. f.) se ubica en los lóbulos frontales y está involucrada en la programación, regulación y verificación de la actividad cerebral (Ardila y Ostrosky – Solís, 1991).
De acuerdo con Ardila y Ostrosky – Solís (1991) Luria sostiene que en las áreas de la corteza cerebral humana pueden distinguirse tres tipos de zonas: primarias, secundarias y terciarias. Las zonas primarias que Luria menciona (s. f.) son áreas o regiones específicas de la corteza en la que se proyecta información de los sistemas sensoriales y en esta área se observa una ubicación topográfica tal que aspectos específicos del estímulo se encuentran localizados en la corteza de manera muy definida (Ardila y Ostrosky – Solís, 1991). Las áreas secundarias que menciona Luria (s. f.) están ubicadas alrededor de las zonas de proyección primarias y están implicadas en el manejo de parámetros complejos de la información referente a los sistemas sensoriales (Ardila y Ostrosky – Solís, 1991). Luria (s. f.) menciona a las zonas corticales terciarias que son áreas de cruce de información de los sistemas sensoriales y estas áreas se ubican en la región frontal y parietotemporooccipital (Ardila y Ostrosky – Solís, 1991).
De acuerdo con Ardila y Ostrosky – Solís (1991) las zonas frontales se encargan de la inhibición de respuestas inadecuadas, planeación y organización de conductas que llevan a una meta. Las regiones temporales se enfocan al procesamiento de información auditiva verbal (Ardila y Ostrosky – Solís, 1991). Las regiones parietoocipitales se relacionan con el procesamiento de información visual e incluye la decodificación y abstracción de información visual (Ardila y Ostrosky – Solís, 1991).
De acuerdo con Roselli (1992) las funciones ejecutivas son un conjunto de actividades cognoscitivas que le ayudan al sujeto a mantener un plan coherente y consistente que le permita alcanzar metas. Algunas de estas funciones son: planeación, control de impulsos, organización, flexibilidad de pensamiento y autocontrol del comportamiento (Rosselli, 1992). Los lóbulos frontales ejercen, al parecer, un papel de control e integración de conductas (Rosselli, 1992). El niño va adquiriendo gradualmente las funciones ejecutivas y va desarrollando la capacidad de resolver problemas y utilizar estrategias metacognoscitivas, las cuales según Bjorklund (1995) consisten en hacer uso de las propias capacidades cognoscitivas y reconocer los factores que la afectan (Rosselli, 1992). De acuerdo con Rosselli (1992) las estrategias de autocontrol y automonitoreo se empiezan a desarrollar alrededor de los cuatro años de edad y alcanza su máxima representación entre los seis y ocho años de edad.
Según Rosselli (1992) en la realización de operaciones matemáticas se deben distinguir dos sistemas cognoscitivos: el procesador de números y el de sistema operativo de cálculo, siendo que en el procesamiento de números hay que distinguir entre la comprensión y producción de números tomando en cuenta la presencia del código verbal y numérico, además de tener que hacer el análisis lexical y sintáctico.
La realización de una operación aritmética se inicia con el reconocimiento de los números y se requiere de un procesamiento verbal y auditivo (Rosselli, 1992). De acuerdo con Rosselli (1992) el sistema de símbolos implicado en las matemáticas se divide en sistema logográfico y sistema fonográfico. Según Rosselli (1992) cada número proporciona dos tipos de información el grupo base al que pertenece y la posición ordinal del número dentro de la base. La realización de operaciones aritméticas demanda discriminación visoespacial para organizar los número en columnas, disponer los espacios entre los números y realizar la operación desde la derecha (Rosselli, 1992). También es necesario que el número de pasos para resolver el problema, es decir el plan algorítimico de acción, sea evocado (Roselli, 1992).
Rosselli (1992) dice que una vez que se han procesado los números se requiere procesar los signos, hay que tener acceso a los procedimientos aprendidos, almacenados en la memoria a largo plazo, y llevar a cabo el procedimiento usando la memoria a corto plazo.
La solución de un problema aritmético requiere de habilidades verbales, espaciales y conceptuales (Roselli, 1992).
Rosselli (1992) dice que el desarrollo algorítimico en el niño es paralelo al desarrollo de las otras funciones cognoscitivas, es decir que se inicia a una edad temprana y conforme crece se automatizan los procedimientos de cálculo y la recuperación automática de resultados de operaciones se convierte en una estrategia dominante para solucionar problemas numéricos.

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